Breve historia de Outes

Tenemos pruebas que constatan la presencia humana en nuestro territorio desde tiempos remotos tal como son los megalitos, petroglifos y castros.

Los megalitos son construcciones a base de grandes bloques de piedra y tierra que comenzaron a construirse a finales del Neolítico (hacia el 3000 a. C.) y durante cientos de años, hasta finales de la Edad de Bronce (año 1000 a. C.) Han servido de lugar de enterramiento colectivo o individual y también como señal de dominio del territorio.

Son de varios tipos, uno de ellos es el menhir; probablemente el lugar de Pedrafita, en Valadares, lo mismo que la Pedrafita de Cabana Moura –Santo Ourente de Entíns- hagan referencia a su posible existencia. Son grandes piedras dispuestas verticalmente sobre el suelo.

Más frecuentes son los dólmenes, generalmente cubiertos por un túmulo de tierra. Se conservan en nuestro municipio más de 30 túmulos funerarios de este tipo, la mayoría en las tierras altas de Xende, Banzas y Valadares. Miden entre 10 y 15 metros de diámetro. Otros destacables son la “casa de los moros en Lestaio” o el “dolmen de Terelle”. Sobre todas ellas destaca la “Medoña de Cando”, que alcanza los 30 metros. Ninguna de ellas se encuentra excavada o en proceso de restauración.

 

Casa de los moros en Lestaio

Los petroglifos de Fontemoreira, en O Freixo. Se trata de un conjunto de piedras en las que se pueden ver varios círculos concéntricos con surcos radiales, alguno de ellos unidos entre si. El más destacable mide 1 m. de diámetro y consta de cuatro círculos concéntricos con un círculo radial y rodeado de cazoletas enmarcadas por rectángulos. Se encuentra en O Freixo, a 1 km aproximadamente de la iglesia parroquial, en la subida hacia el monte Tremuzo.

Los castros son poblados fortificados, en lugares de fácil defensa (terrenos altos, penínsulas al borde del mar, etc..). En Outes hay constatados 13 aunque hasta este momento no se han realizado prospecciones arqueológicas en ninguno de ellos: En la parroquia de Santo Ourente: el castro de Esfarrapa, el de Diz y el de Cabanamoura; en la parroquia de Sta. María de Entíns, el de Coiradas; el castro de Cando, en la parroquia de Cando; en la parroquia de Outes: el castro de O Castelo, el de Mirás y el de Carleo de Arriba; en la parroquia de San Xoán de Roo, el de Brión; el castro de Valadares y de Gosende en la parroquia de Valadares; en la parroquia de Sabardes el castro de Mosteiro y en la parroquia de San Cosme, el de O Pedregal.

En el siglo I antes de Cristo, llega la conquista romana. Para sostener su actividad militar y mercantil, crearon una red de calzadas, descrita en el famoso Itinerario Antonino, que unía todas las ciudades del Imperio entre sí. La más extensa, de las cuatro que cruzaban Galicia, era la llamada Per Loca Marítima, que circundaba toda la costa. Venía desde Brácara Augusta por Iria Flavia (Padrón), cruzaba la Peninsula del Barbanza y luego entraba por la actual Pontenafonso, en el territorio
de los Supertamáricos –tal y como llamaban los historiadores latinos Mela y Plinio a los habitantes de la margen derecha del río Tamaris (Tambre). Luego, flanqueando la ría se dirigía hacia el Artabrorum parvo portus (Muros). También construyeron una espesa red de vías secundarias como la de Carleo, que unía las tierras altas de Valadares y Mazaricos con la costa.

Señal inequívoca de la situación privilegiada de nuestro territorio, son los diferentes hallazgos: “Ara de Banzas”, consagrada por un tal Victorinus, y que actualmente se encuentra depositada en el Museo do Pobo Galego. La “Estela de Cando”, de intenciones funerarias, que se encuentra en la actualidad en el Museo de la Catedral de Santiago, cuya decoración está formada por motivos geométricos (disco con agujero en el medio), astrales (creciente lunar), una figura humana esquematizada y a continuación el campo epigráfico.

Estela de Cando y Ara de Banzas

Con el arranque de la Edad Media, los pueblos germánicos de Centro-Europa invaden la Hispania romana en el siglo V de nuestra era, asentándose los Suevos en el noroeste peninsular, frente a los Visigodos que controlaban el resto de la Península. Fueron los creadores de la actual división parroquial del territorio galaico. Nos han dejado toda una serie de topónimos por todo el municipio: Gosende y Xendil en Valadares, Gondelle en Entíns, Xende y Diz en Santo Ourente, Gulfián en San Cosme, Siavo y Catasueiro en Sabardes y Matasueiro en San Lourenzo.

De esta época, son los gliptogrifos de Carballa da Cova, que se han descubierto en el pedregal de Laxe das Brañas, a unos 300 m. del lugar de Carballa. Son 8 piedras aplanadas muy próximas entre si, entre las que encontramos grabadas unas 150 insculturas, la mayor parte de ellas en forma de cruz. Cubren una superficie de 25 metros cuadrados. Fechadas alrededor de los siglos V y VI de nuestra era, durante el proceso de difusión del cristianismo por Galicia.

Los musulmanes que invadieron la Península en el siglo VIII, apenas han llegado a instalarse aquí.

Como símbolo de resistencia en contra del Islam ha nacido el culto al Apóstol, de su creciente esplendor se han ido creando todo una red de caminos que llevaban a los peregrinos a Compostela. Uno de esos caminos de Santiago venía desde Fisterra por la montaña, bajaba por San Lourenzo y pasaba por Serra de Outes, donde durante siglos ha existido una capilla denominada “Santiago da balsa” en la que se detenían los romeros –y que fue quemada durante la guerra civil española-, luego subía por Coiradas y A Barreira hacia Pontenafonso.
Otro Camino Francés comunicaba las tierras de Mazaricos con Pontenafonso desde Banzas hacia A Poza y Esfarrapa en Santo Ourente pasando por Vilardigo en Cando.

A Serra de Outes a principios del siglo XX. A la izquierda, la antigua capilla.

Por otro lado, existen algunos vestigios de época medieval en nuestro Municipio, de los que hoy apenas quedan restos: El castillo de Outes, el pazo de A Serra, la torre de Insua, la torre de San Lourenzo y la torre de A Laxe son claros ejemplos de la influencia medieval en nuestras tierras.

La Torre de San Lourenzo de Matasueiro, conocida también como la Torre dos Mouros, sus restos los podemos encontrar a poca distancia de la igresia parroquial. Mide 15 metros de largo por 7,5 m. de ancho. Apenas se conservan las paredes, la fachada oeste conserva una puerta con un arco apuntado gótico de dovelas de piedra dispuestas radialmente. Titularidad privada.

Torre de A Laxe, colindante con el Ayuntamiento de Muros. Conocida también como Bico do Castelo Grande, después de pasar el lugar de Arestiño -Freixo-. Ubicado sobre un montículo rocoso en un lugar estratégico y de complicado acceso. Se pueden ver escalones trabajados sobre la piedra e incluso se han encontrado restos de trozos de tejas. En la parte superior del grupo de rocas aparece un alquerque de nueve, grabado en la piedra.